lunes, 30 de noviembre de 2009

SERENIDAD



   SERENIDAD

       Noche de luna en el cielo,
  noche de luna en el alma.
      El cielo y el alma tienen
   hondas castidades blancas,
 y tiemblan con una misma
cordialidad espontánea.
        Mis ojos son como estrellas
  ungidas y embelesadas;  
       como una estrella es mi frente
   inquieta, febril y pálida,
    y cuando al cielo mis manos
anhelosas se levantan, 
     son como estrellas que abren
    sus cinco trémulas aspas...

       Noche de luna en el cielo,
  noche de luna en el alma.
       Mis pasos van por la noche
   dejando una huella blanca,
    que en la tierra silenciosa
     es como una Vía Láctea.    
     Hay en mi huerto sombrio
  menudas flores de acacia,
   que son estrellas dormidas
   sobre la noche del alma...
     Florecillas como versos,
    donde pusieron mis lágrimas
    las perlas de su rocio,   
           puras, ardientes y amargas...   
    
          Noche de luna en el cielo,   
  noche de luna en el alma.
     Como dos bellas monjitas
  virginales y extasiadas 
       el cielo y el alma a un tiempo
 rezan, sonrien y cantan.

              Marciano Zurita


  


EL LLANTO DEL BUFÓN


CEGUERA


 CEGUERA

       Tus ojos quieren guiarme
  y no me dejo guiar.           
           ¿Qué caminos pueden ellos          
     abrir en mi obscuridad?       
  
                Yo voy buscando las rutas       
fragantes del ideal,          
       y esas rutas en tus ojos          
            nunca las podré encontrar.           

                 Tus ojos negros y ardientes       
           son abismo y son  volcán,           
         y de volcanes y abismos           
           yo nunca me he de guiar.           

               Cuando tus ojos consigan       
tener la diufunidad          
         de las estrellas, entonces         
 yo me dejaré guiar.        

                                Marciano Zurita


lunes, 23 de noviembre de 2009

                              XXIX
                          MADRID

  Carcajadas, piropos, pendencias y cantares.
Mucho sol, mucha gracia, mucha luz, mucha gente.
Abajo, como un siervo, el río Manzanares,
y arriba, como un rey, el palacio de Oriente.
  Dos cúpulas de fuego, San Andrés, San Francisco,
que evocan el recuerdo de los inquisidores,
y un agudo puñal de piedra, el Obelisco,
que habla de los chisperos y de los curtidores.
  En todas las ventanas un tiesto de claveles;
en todos los claveles la luz de una sonrisa,
y en todas las sonrisas un beso de mujer.
  Novios bajo los arcos de todos los dinteles,
chulos que van despacio, chulas que van a prisa,
el auto de un ministro y un coche de alquiler...

                                           Marciano Zurita
                               

domingo, 22 de noviembre de 2009

                      VERANO

  Tarde agosteña. Bajo la pesadumbre del bochorno
los seres y las cosas adurmiéndose van...
Es esta tarde ígnea como un inmenso horno
donde se tuesta el campo como un inmenso pan.

  Todo está ardiendo. Todo tiene un color rojizo
de trébede, de hoguera, de ara y de crisol.
El pecho de Castilla, descarnado y calizo,
para apagar su sed, bebe rayos de sol.

  ¡Piedras de los castillos, adobes de las casas,
mármoles de los templos, cera de los trigales,
oro de la leyenda y de la tradición,

   sacrosantos escombros convertidos en brasas
para los incensarios que en nuestras catedrales
ofrendan el incienso de nuestro corazón!

                                           Marciano Zurita

 

 

jueves, 19 de noviembre de 2009

            LA ALCAHUETA


Broté de una zahúrda de bandidos,
como despojo de carroña lleno,
y se meció mi cuna sobre el cieno
entre risas, blasfemias y gemidos.

De dos flácidos senos exprimidos
chupé la sangre del pecado ajeno,
y aquella sangre fecundó el veneno
de que fueron mis labios concebidos.

Sé engañar a doncellas y a galanes,
preparar lechos, atisbar zaguanes,
curar esposas y burlar esposos.

Soy una vieja hipócrita y ladina,
y, en estos menesteres licenciosos,
el vulgo me da un nombre: Celestina.